
La Paula llegó sudada, venía de Yoga. En la clase el suami les había dicho que durante una semana los fuerzas cósmicas del edén no promoverían las cadencias. Eso significaba que había que mantener la pureza en el espíritu y la paz en las sábanas. Aunque no les prohibió dormir con sus parejas, si les recomendó no sufragar por el sexo libre durante los siete días de iluminación. En caso de emergencia se podían realizar masajes tántricos - casi tirar pero sin tirar-. Como comprenderán, el mensaje del salvador del mundo mágico me vino como patá en la guata. En las bolas para ser más preciso. Más encima todo lo prohibido se desea el doble. La Pauli, estaba preciosa, su buzo rojo apretaba justo donde debía apretar, ligera como una pluma caminaba contorneandose por el pasillo, sus cabellos ondulados dejaban entrver el maraviloso rostro de ángel, su mirada coqueta, sus ojos de dragón enjaulado, de miel azucena y de caramelo empolvado, me tenían transformado en Goku cuarto nivel. Ese cuando le sale cola y parece gorila. Qué hacer pense. primero le preparaé té con miel de ese inglés que trajo mi vieja cuando volvió de Londres, obsequio de mi tio. Agregué unas gotitas de limón y lo endulce con miel. Con cara de cordero degollado la mire sulicándole un besito. Ela me agradeció con una linda reverencia, esa que hacen las geishas en Japón, claro que fue lo único que por toda esa semana ví de geisha... Suami de la gran puta, por su culpa y del Yoga mis fluidos crecieron y crecieron y el deseo fue casi incontrolable en las mñanas de cada ducha.
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