
La brisa del mar acaricia mi rostro. El interminable om mane padme hung limpia las ofensas y la dureza de sus palabras. Cientos de año guardo el rencor. Por siglos esperó el momento para trapear el piso con el joven aprendiz.
Una vez fue quemada por su culpa, en otro momento murió de pena, mientras esperaba que su amado esposo llegará desde la India. También recordó ese momento trágico en que su mano no pudo salvarla de morir en la gran caída del antiguo imperio de la Atlántida.
Por su parte, el aprendiz, tiene vivo el momento en que fue traicionado por el miedo y cobardía de su compañera, quien desde la multitud agachaba la cabeza para no ver el rostro asfixiado de su pareja, que despavorido lloraba y pataleaba pidiéndole clemencia a su esquivo Dios.
Hoy mientras el tumor va creciendo y su corazón se va achicando, el no monje vuelve a la cueva de Bodhidarma, buscando la iluminación del Budha. Quizás no tenga el poder para frenar el destino trágico del presente. Pero con la fuerza de su amor podrá terminar para siempre con las cuentas Karmikas. Si a de morir, no será por la pena como antaño, si a de desaparecer de la faz de la tierra, no lo hará para volver a encontrarla. Si a de expirar antes de cumplir la edad de Joshua, no lo hará para generarle sufrimiento alguno, ni para darle ninguna enseñanza. El destino es y no puede ser cambiado.
Pero la alquimia del corazón le permitirá catalizar su dolor en perdón, su desgarró en compasión, la indolencia en agradable soledad y el ostracismo, en respeto y silencio. Para que el amor fraterno, incondicional, compasivo y generoso, surja entre los seres sintientes del planeta y reviva una y otra vez, para que finalmente, cada hombre y mujer encuentren el camino de regreso a casa…
Una vez fue quemada por su culpa, en otro momento murió de pena, mientras esperaba que su amado esposo llegará desde la India. También recordó ese momento trágico en que su mano no pudo salvarla de morir en la gran caída del antiguo imperio de la Atlántida.
Por su parte, el aprendiz, tiene vivo el momento en que fue traicionado por el miedo y cobardía de su compañera, quien desde la multitud agachaba la cabeza para no ver el rostro asfixiado de su pareja, que despavorido lloraba y pataleaba pidiéndole clemencia a su esquivo Dios.
Hoy mientras el tumor va creciendo y su corazón se va achicando, el no monje vuelve a la cueva de Bodhidarma, buscando la iluminación del Budha. Quizás no tenga el poder para frenar el destino trágico del presente. Pero con la fuerza de su amor podrá terminar para siempre con las cuentas Karmikas. Si a de morir, no será por la pena como antaño, si a de desaparecer de la faz de la tierra, no lo hará para volver a encontrarla. Si a de expirar antes de cumplir la edad de Joshua, no lo hará para generarle sufrimiento alguno, ni para darle ninguna enseñanza. El destino es y no puede ser cambiado.
Pero la alquimia del corazón le permitirá catalizar su dolor en perdón, su desgarró en compasión, la indolencia en agradable soledad y el ostracismo, en respeto y silencio. Para que el amor fraterno, incondicional, compasivo y generoso, surja entre los seres sintientes del planeta y reviva una y otra vez, para que finalmente, cada hombre y mujer encuentren el camino de regreso a casa…
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